Tic, tac, tic, tac
Manola Sánchez, El Mercurio 16/09/2026
Hace ya un tiempo que comparamos la irrupción de la inteligencia artificial generativa (IA) con la llegada de la revolución industrial. Pero hay una diferencia fundamental: entonces, la máquina vino a reemplazar parte de nuestra fuerza física; hoy, la IA comienza a reemplazar parte de nuestra capacidad intelectual. Y eso, naturalmente, inquieta. Pero tendemos a dejar algo fuera de la ecuación: nuestra capacidad de adaptarnos, de reinventarnos cuando las circunstancias cambian.
Los ejemplos están en todas partes. A mí me sorprenden los quioscos de Madrid. Difícil pensar en un negocio menos tecnológico. Cada vez menos personas compran diarios y revistas, uno podría haber anticipado su desaparición. Pero ahí siguen: venden bebidas, snacks, recuerdos y hasta reciben y entregan paquetes del comercio online. No inventaron una nueva tecnología, solo se reinventaron. Hace unas semanas asistí a una conferencia de Ian Beacraft, especialista en el impacto de la IA sobre el trabajo. Planteó una idea que me quedó dando vueltas: si hasta hace poco la naturaleza de nuestro trabajo cambiaba cada cinco años, con la IA podría hacerlo cada seis meses. Cinco años versus seis meses, tic, tac. Por supuesto, no todos los trabajos cambiarán a la misma velocidad. Pero discutir si serán seis, doce o veinticuatro meses puede hacernos perder de vista lo importante: la velocidad del cambio aumentó y nuestras organizaciones no fueron diseñadas para reinventarse a esa velocidad. Ahí está uno de los grandes desafíos empresariales de los próximos años.
Las compañías líderes ya empiezan a entender que la ventaja competitiva no está simplemente en “tener IA”. Comprar licencias, instalar copilotos o incentivar el uso de ChatGPT para aumentar la productividad, eso es apenas el comienzo. La verdadera pregunta es bastante más incómoda: si hoy diseñáramos nuestra empresa desde cero, teniendo IA disponible, ¿Las organizaríamos de la misma manera? McKinsey describe tres estados en que las compañías se encuentran respecto a su adaptación a la IA. Primero, la habilitación: entregar IA a las personas para mejorar su trabajo actual. Luego, la automatización: utilizarla para ejecutar partes de los procesos. Y finalmente, la reinvención: rediseñar roles, procesos y flujos pensando desde el comienzo en humanos e IA trabajando juntos. Es en ese último nivel donde comienza la verdadera transformación. Y también las preguntas difíciles ¿Qué capacidades deben permanecer dentro de la empresa y cuáles tercerizar? ¿Seguiremos organizándonos alrededor de cargos o de habilidades? ¿Qué decisiones seguirá tomando una persona y cuáles podrá delegar a un agente de IA? ¿Necesitaremos las mismas jerarquías, equipos y áreas? No son preguntas tecnológicas. Son preguntas organizacionales y, finalmente, humanas.
Tal vez por eso la principal disrupción de la IA no sea que las máquinas comiencen a pensar, sino que nos obligarán a nosotros a reinventarnos mucho más seguido. Durante décadas las empresas pudieron transformarse y luego disfrutar de algunos años de relativa estabilidad. Ese lujo puede estar desapareciendo. En la era de la IA tendremos que aprender a transformarnos mientras operamos. Como aquellos quioscos que dejaron de depender de los diarios antes de que los diarios terminaran de desaparecer. Tic, tac, tic, tac.





Muy buen post, muy acertado