Uno para todos, todos para uno
- Manola Sánchez
- Jul 30
- 2 min read
Manola Sánchez, El Mercurio 30 de julio
Tuve la fortuna de estar en España durante la final de la Copa del Mundo de fútbol. Más allá de celebrar el triunfo junto a miles de españoles frente a una pantalla gigante, hubo algo que me llamó la atención. Todos coincidían en un mismo diagnóstico: España no ganó por individualidades, ganó porque construyó el mejor equipo.
Puede sonar obvio, pero no lo es. Vivimos en una época que idolatra a las estrellas. En el deporte, en la empresa y en la política seguimos buscando al próximo “astro” capaz de cambiarlo todo. Pero la verdadera ventaja competitiva no está en reunir talento excepcional, sino en lograr que trabajen excepcionalmente bien juntos.
España tiene figuras de clase mundial, pero el mensaje es que nadie está por encima del equipo. El talento individual importa, pero solo cuando está al servicio de un propósito común. El mensaje publicado por la Armada Española para felicitar a su selección resume la esencia de su éxito: “La victoria pertenece a quienes creen en el equipo, perseveran ante la adversidad y nunca pierden el rumbo.”
La misma lógica se aplica hoy a las organizaciones. Los cambios tecnológicos, geopolíticos y sociales avanzan vertiginosamente. En ese contexto, la capacidad de adaptación es la principal ventaja competitiva. Y la adaptación no ocurre individualmente, ocurre a través de los equipos.
Harvard Business Review dedicó un artículo a estudiar cómo se construyen los llamados superteams. Tras analizar miles de equipos, encontraron un patrón común: las organizaciones de mejor desempeño no son las que cometen menos errores, sino las que aprenden más rápido de ellos. Sus líderes promueven la experimentación, incentivan la curiosidad intelectual, cada uno sabe bien su rol, valoran la retroalimentación para aprender y crean ambientes donde las ideas son más importantes que defender egos. Es decir, construyen culturas de mejora continua.
Quizá esa sea una de las grandes lecciones para el mundo empresarial en la era de la IA. La tecnología podrá automatizar procesos, analizar datos y asistir en la toma de decisiones. Lo que seguirá diferenciando a las organizaciones será algo más humano: la capacidad de generar confianza, mostrar empatía, coordinar esfuerzos, aprender colectivamente y movilizar personas detrás de un propósito compartido.
Chile enfrenta desafíos económicos que conocemos de memoria: bajo crecimiento, productividad e inversión y un mercado laboral debilitado. Discutimos soluciones desde la política pública, la regulación o la inversión. Todas son necesarias. Pero pocas veces hablamos de la calidad de los equipos que deberán diseñarlas y ejecutarlas. Porque ningún país sale adelante únicamente por tener excelentes profesionales. Sale adelante cuando esas personas son capaces de construir juntas, buscar alianzas, incentivar nuevas inversiones, etc. Por tanto, el desafío más importante para Chile no es encontrar mejores ideas y proyectos, que son muy necesarios, sino que aprender, por fin, a jugar como equipo.





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